Orar
Primera semana de cuaresma

“Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15)

Al proclamar la llegada del reino de Dios, Jesús anuncia la iniciativa divina de acercarse a los humanos de una forma nueva, ofreciéndoles la posibilidad de vivir ya desde ahora acogidos por su soberanía. (Nota de la Sagrada Biblia)

REFLEXIÓN-ORANDO EN VOZ ALTA 
¡CONVERSIÓN! ¡REINO DE DIOS!


Jesús, tú llamas a nuestras vidas y llamas con exigencia,

por eso podemos responder con exigencia, en totalidad.

Nos pides mucho, pero no nos pides más de lo que podamos darte.

Señor, no dejes de exigirnos, recuérdanos esta exigencia, para que respondamos sin tardar,

para dar nuestra vida, cargar con nuestra cruz y anunciar tu Reino,

a nuestros hermanos, a todos, donde Tú nos envíes.

Jesús, dichosos los que ponen su confianza en Ti, porque Tú eres la puerta de nuestra conversión, mirándote a Ti, nuestras vidas se transforman, se convierten, traslucen tu reino.
Que todos conozcan Tu AMOR, y te sigan... ¡Esto es la esencia de toda vida!


¡Cuánto por hacer! ¡Qué deseos de darte a conocer! ¡Hay tantos que aún te ignoran!
En la oración, me descubres tu sed: ¡Tengo sed!
Es el grito que continúa en tantos hermanos inmersos en el misterio del dolor, en la incredulidad, en la apatía, en el vacío de un caminar sin Dios…
… y me lo haces presente cada que vez que, en tu presencia, revivo la entrega de tu Amor.


Conviértenos a Ti, Señor Jesús. Es el anhelo que brota en el silencio de mi vida contemplativa.
Tú, que nos has abismado en la gratuidad de tu Reino, en Tu Amistad,
descubre a mis hermanos, los hombres, este don.

ORANDO CON LOS SALMOS
¡ORA CON FE!, CONTEMPLA A JESÚS, SU AMOR, SUPLICA, INTERCEDE, PRESÉNTALE TUS DESEOS, LOS DE TODOS LOS HOMBRES, TAMBIÉN DE TUS SERES QUERIDOS. HAZTE ECO Y SÉ VOZ ANTE DIOS: ¡ESO ES ORAR!

Salmo 25 (24)
A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados, mientras que el fracaso malogra a los traidores.


Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando.


Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor.


El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. Por el honor de tu nombre, Señor, perdona mis culpas, que son muchas.


¿Hay alguien que tema al Señor? Él le enseñará el camino escogido: su alma vivirá feliz, su descendencia poseerá la tierra. El Señor se confía a los que lo temen, y les da a conocer su alianza. Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él saca mis pies de la red.


Mírame, oh Dios, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido. Ensancha mi corazón oprimido y sácame de mis tribulaciones. Mira mis trabajos y mis penas y perdona todos mis pecados; mira cuántos son mis enemigos, que me detestan con odio cruel.


Guarda mi vida y líbrame, no quede yo defraudado de haber acudido a ti. La inocencia y la rectitud me protegerán, porque espero en ti.
Salva, oh Dios, a Israel de todos sus peligros.


ORACIÓN
Dios nuestro, concédenos que desde el comienzo de la cuaresma, todo nos lleve a la verdadera conversión; así conoceremos y viviremos con mayor plenitud el misterio de Cristo.

Preparado  por Monjas Mínimas de Daimiel